By Vicky | 2 mayo, 2018

EL ARTE Y LA PIEL

EL NACIMIENTO DE VENUS

El arte y la piel es una sección de este magazine cuyo objetivo es reflexionar sobre lo que nos transmite la piel en diferentes obras de arte.

Si lo pensamos bien, uno de los elementos clave de un retrato, junto con la mirada y el cabello, es el aspecto de la piel. Nos dice mucho de una persona, nos habla de su ADN, de su salud, su edad, de su estado de ánimo.

He elegido el Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli como primer cuadro para comentar por varias razones: por ser la diosa del amor y la belleza, por tratar el tema de su primer instante de existencia y por lo que este cuadro en particular supuso en el momento de su creación.

Después de unos mil años de permanecer oculta en los siglos oscuros de la Edad Media, en la Florencia del siglo XV surge una necesidad de mirar al pasado greco-romano en la búsqueda de elementos artísticos no religiosos. El Nacimiento de Venus es el primer desnudo que no es Eva en la pintura occidental del Renacimiento. Sorprende la belleza de las proporciones corporales, que siguen los cánones clásicos y que han llegado aún hasta nuestros días.

En el cuadro aparecen cuatro figuras. En el centro Venus surgiendo de una concha. En el lado izquierdo, una pareja de figuras aladas, Céfiro o viento del oeste que trae la primavera y su esposa Flora, diosa de las flores y los jardines. Y, a la derecha, la Hora primavera, que acompaña a Venus en su salida del mar y que aquí se presenta como joven vestida con ropa de su época que recibe a la diosa con un manto púrpura, según le corresponde por su linaje divino.

Sólo Céfiro, de representación masculina, tiene la piel más oscura al igual que su cabello moreno frente a las tres imágenes féminas del cuadro. Es una convención que se puede apreciar en muchas obras. Sirve para realzar el ideal femenino renacentista basado en la piel blanca, cabellos y ojos claros, labios rojos, hombros ligeramente estrechos, caderas poco pronunciadas, manos y pies suaves de dedos largos.

Este ideal es el encarnado por la Venus de Botticelli. La perfección blanca y nacarada de su piel es total. No hay mancha ni marca alguna, como corresponde a la de un recién nacido. La cabeza inclinada, la mirada esquiva que huye de la del espectador, el gesto de cubrirse sus pechos y pubis parecen responder a esos primeros pasos de existencia, como de una niña tímida más que como la diosa del amor sensual y físico que es. Su color blanco pálido resalta con suavidad con el fondo azul del mar y del cielo. Es un desnudo de día luminoso, como de playa nudista.

No hay sexualidad explícita en este cuadro. Hay sensualidad. Sensualidad en la proporción de las formas, en la larga melena rubia ondeando en el viento, en los tiernos labios de la diosa. Sensualidad en Venus como un objeto de deseo.

Y, sobre todo, hay belleza, mucha belleza en el entorno de una naturaleza hermosa y amigable llena de simbología. El mar en calma. Las rosas de color rosa pálido, atributo de Venus y del amor dulce, que flotan ligeras en el aire. Las azules flores de aciano del vestido de la joven, elegantes y también relacionadas con el amor puro y sensible. Los árboles de naranjo y sus flores de azahar, de aroma dulce y delicado que representan la pureza y la castidad, mientras que el naranjo es en sí mismo un antiguo símbolo de fertilidad. Todo ello crea un marco para ubicar el mito del nacimiento de la diosa del amor.

El Nacimiento de Venus forma parte de la colección de la Galleria degli Uffizi. Si vas a Florencia no te pierdas la ocasión de disfrutar de esta maravillosa obra de arte.

CG